Prologo; Esperanza Saliente

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Prologo; Esperanza Saliente

Mensaje  Lalia Weekens el Miér Abr 08, 2009 10:36 pm

Un rayo de luz. Una esperanza saliente de la desesperación. Una desesperación despierta de lo más profundo. La lluvia limpia la tierra donde miles de cuerpos sin nada, ni una emoción, ni el menor atisbo de vida, totalmente inexpresivos por el fatal destino que sufrieron. Gritos y más gritos de las pocas personas que intentan salvarse de la misma suerte que corrieron todos, salvarse de algo que muchos creyeron amigo y aliado.
Entre ellos, una mujer corre desesperada por salir de las llamas negras que intentan devorar el pueblo sin ser aplacadas por la intensa lluvia. Lleva un bulto entre sus manos, totalmente tapado por pequeñas mantas que ya parecen más harapos que otra cosa. Otra persona, otra mujer, corre a su lado hasta que ambas llegaron a un gran arco de piedra desgastado y con la pobre construcción de su lado que antes debió ser un palacio. Aparentemente una antigualla si no conocemos sus secretos ni donde nos encontramos.
Se detienen. Comienzan a mirar desesperadas por encontrar a una tercera persona entre tanto caos y sufrimiento. Nada. Ni la menor señal. Notaron como millares de ojos las seguían desde la infectada y nauseabunda oscuridad innatural, observando cada movimiento esperando el momento perfecto para abalanzarse encima.
La más anciana, se dirigió a la madre con el miedo y desolación plasmado en la cara.
-Debemos cruzar ya, no podemos esperar más –le anunció con un toque desesperado en su voz.
-Pero los demás… ¿y los otros? –levantando el bulto entre sus manos.
-Ya los cruzamos, ella es la ultima –le explico rápidamente- vamos, ¡crucemos!
De pronto, un grito agudo que helaba la sangre a cualquiera se oyó a poca distancia de donde estaban. Tres personas más vinieron corriendo, todas mujeres y con bultos en sus manos. Una sombra alada tapa la poca luz que había, formada por los destellos de una luna creciente teñida por el rojo de la sangre derramada. La figura, negra y imponente, comienza a acercárseles a una velocidad pasmosa traspasando todo como el humo. Las anteriores mujeres gritan de completo terror y el bebe despierta, llorando por su pobre suerte. Comienza a acercarse cada vez más, mientras que las otras tres las alcanzan.
-¿Aun no cruzasteis? –la desesperación en las voces de las tres era palpable, pero se mantenían firmes.
-No, hay que pasar ¡ya! –les informa con temor a lo que podía pasar, no sabían nada de lo que podría suceder.
Las recién llegadas miran a las otras dos con pena mientras el llanto de cuatro infantes cubre el poco silencio que tenían. La bestia esta ya muy cerca de ellos, abriendo sus fauces de dientes alargados y amarillentos. No podían escapar. Ya no.
-Nosotros no, solo ellos –elevando el bulto que permanecía en un llanto de terror a lo desconocido.
-Pero…
-No podemos cruzar, solo ellos pueden hacerlo –les persuadía la mas joven- , nosotros sellaremos la puerta.
Todas asintieron rápidamente, mirando hacia todos lados. Se sentían observadas. Decidieron internamente sacrificarse. Bien por amor maternal a sus hijos, o por lo que el destino les previó desde hace ya tiempo. El monstruo negro cada vez se les acercó más y mas, tapando con su estado gaseoso las posibles salidas que las inocentes victimas desesperadamente buscaban. Pero el tenia ya el objetivo fijo.
Súbitamente, el poco cielo visible se tiño de rojo. Algo cogía a las cinco mujeres de los tobillos arrastrándolas hacia la bestia, y daba la impresión de que los ojos que las observaban sonreían de forma cruel internamente. Su suerte ya estaba marcada.
-¡Elladora, Byrne, Lissandra, Imma, dejadlos ya en la puerta! –gritó la que mas lejos estaba del gran arco viéndose arrastrada cada vez mas por la oscuridad y pasándole su bulto a la mas anciana.
-Adiós, pequeñas… -se despidieron tristemente.
Empujaron a los cuatro bultos para atravesar la puerta, que se los trago después de cruzar el manto grisáceo invisible a ojos de todos. Antes de sellarlo, las cinco se sacaron respectivamente sus anillos y, la anciana, lanzó también su pulsera.
-Suerte… y encontraos –sus ultimas palabras.
El destello de la puerta ilumino brevemente el paisaje. Todo destruido. Y las cinco madres, engullidas por la sombra, y los cuatro infantes, en otros lugares desconocidos para ellas. La sombra emitió un chillido después de tragarse a las cinco.
<<Vendréis a mí…>>.

Lalia Weekens

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